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¿ Que es un órgano ?

                   Se clasifica al órgano como aerófono compuesto accionado por un teclado de uno o más tubos por tecla, conformado en tres partes: 1º.- el material sonoro compuesto por tubos que encierran columnas de aire; 2º.- el viento generado por acción manual o electromecánica, almacenado en fuelles a presión constante; 3º.- los teclados manuales y de pedal, que generalmente se ubican en una consola para ejecutar el instrumento, y en la cual también se instalan comandos denominados registros para seleccionar los distintos juegos (familias de tubos) y otros recursos fónicos y mecánicos.
                   A este instrumento musical se le asigna el auténtico nombre de órgano, pero debemos aclarar que por extensión o reemplazo también se denomina vulgarmente con este nombre al armonio (aerófono con lengüetas libres) y a distintos electrófonos con teclado.
                   El órgano tiene de uno a dos teclados, o más, y éstos son relativamente cortos en extensión, 56 notas (de Do1 a Sol5) normalmente; los hay de 45, 51, o 61 notas, y están dispuestos de forma escalonada: uno encima del otro. Dispone además de un teclado que se toca con los pies y que hoy en día tiene la extensión estandarizada de 30 notas (de Do1 a Fa3); los hay de 27 y de 32. Antiguamente algunos órganos tenían la octava corta (distribución distinta de tonos solo en la octava más grave) y un reducido número de pedales (unos botones o tarugos), que quedaron suplantados por la moderna pedalera. Los teclados que se tocan con las manos reciben el nombre de manuales y el de los pies pedalero. Normalmente los teclados se acoplan al Órgano Mayor, y se enganchan al pedalero, con la finalidad de poder hacer sonar juegos de otros teclados simultáneamente, es así como se considera al órgano como el instrumento polifónico por antonomasia.
Cada teclado recibe un nombre característico en consonancia a sus propiedades: cuando nos referimos al Órgano Mayor o Gran Órgano, lo hacemos en relación al teclado principal del instrumento donde se han reunido juegos de la mas variada presencia tímbrica, opuesto a la Cadereta o Positivo, que suele estar situada a la espalda del organista, y que generalmente contiene juegos de talla más pequeña; tímbricamente resultan más ágiles y brillantes en contraste con el resto del instrumento.
                   Otro teclado recibe el nombre de Expresivo o Recitativo; se trata de un cuerpo con juegos de carácter diferente a los del Órgano Mayor y del Positivo, y de estética “romántica”; se acostumbran a colocarlos encerrados en una caja con una celosía, o persiana, que el organista abre y cierra voluntariamente a través del pedal de expresión, y que le permite hacer inflexiones crecientes y decrecientes de volumen. Por lo que se refiere a los manuales, podemos apuntar, aun, un cuarto teclado: el Eco. Dicho teclado también puede estar dentro de una caja, el arca de Ecos, o no. El organero coloca este cuerpo estratégicamente en un lugar apartado, con la finalidad de que sus voces suenen lejanas, y además es del tipo expresivo, de manera que permita hacer gradaciones de intensidad.
                   Los tubos, dispuestos conforme a sus específicas condiciones sonoras y agrupados por familias, están ubicados en diferentes secretas (cajones con aire a presión), por pisos, como en los órganos centroeuropeos y catalanes, y orientados a las diferentes naves de los templos. Cada uno de los teclados responde a una parte del órgano y cada uno de ellos es, en síntesis, un órgano distinto dentro del conjunto que configura el instrumento.
                   De esta manera se llega a la conclusión que los teclados no se diferencian entre ellos por la cantidad y tesitura de los registros, sino por el lugar que ocupan dentro del órgano y las posibilidades retóricas de la ejecución, en Alemania se denomina a esta estructura con el nombre de “werkprinzip”. Tampoco es única la razón de la intensidad (fuerza sonora), sino —y en gran medida— de planos fónicos, de contraste y de relieve, facultad que organistas y directores de coros y de orquestas deberían conocer muy bien.
                   La evolución hacia la construcción del gran órgano sinfónico moderno fue lenta y resultó ser un gran paso en la organería; nuevos elementos mecánicos en la transmisión entre las partes de la consola —teclados y registros— y los secretos —con su complejidad y los tubos que a él se instalan — formaron parte de un instrumento monumental. Con el fin de asimilar al órgano a la orquesta sinfónica, se cambió el plan estético y fónico de los registros, y a lo largo del siglo XIX aparecieron distintos recursos para facilitar la ejecución y la ubicación del instrumento en espacios alternativos.
                   Entre estos recursos podemos mencionar el agregado de una palanca pneumática de asistencia a la vieja tracción mecánica, para aligerar el peso de las reducciones (derivaciones mecánicas de los teclados a las secretas). Más tarde se daría paso a una tracción totalmente pneumática, mediante conductos de plomo desde la consola al interior de las secretas; y finalmente aparecería la electricidad para generar el aire y substituir al viejo “fuellero o entonador”; y además reemplazar a las anteriores tracciones por medio de electroimanes ubicados bajo las secretas.
La parte sonora del órgano está conformada por los tubos (en España se les asignó el nombre de “caños” y en Cataluña “canons”); cada uno de ellos responde a un solo tono que se acciona desde los teclados, y además se hayan agrupados en filas denominadas juegos, que corresponden a tubos de las mismas características o familias como si se trataran de diferentes instrumentos musicales a elección del ejecutante.
                   Los secretos, (preferentemente de corredoras) tienen como misión recibir el aire y repartirlo a los diferentes juegos de tubos. Estas partes (tubos, secretos, y todos los artificios que funcionan con el viento) están instalados dentro del instrumento.
                   Existen dos especies de tubos: los de boca, o labiales, y los de lengüeta. La unidad de medida de la altura del sonido, y que actualmente se hace servir internacionalmente, es el pie (1’= 32,5 centímetros). En la Península Ibérica, antiguamente, los tubos se mensuraban con palmos (alrededor de unos 20 centímetros). El timbre de los tubos depende de la emisión del sonido por la anchura de la boca, a su altura, a la posición del bisel, a la mensura o talla del resonador; otros factores son el diámetro de abertura del pie del tubo, la presión del viento y, por añadidura, el material utilizado en la construcción de los tubos. Para la construcción de los tubos se sirven del metal y de la madera. Su armonización es una tarea laboriosa; el organero tiene que dar a cada uno su carácter, su personalidad. Los tubos de madera suelen ser de pino; los de metal son una aleación de estaño y plomo, con diferentes porcentajes, existen además de cobre, bronce, cinc, y latón.